Desaparece el pequeño comercio sostenible.

No ha sido un verano fácil en Bizi Granel y en Bizi Slow, no os vamos a mentir.

Desde junio hemos visto cómo la afluencia de gente caía en picado. Nos hemos intentado tranquilizar y decir a nosotras mismas que, bueno, son las vacaciones de verano y todo el mundo tenía muchas ganas de salir por patas. Pero lo cierto es que una parte de nosotras temía que esa fuese a ser la dinámica general, y no nos faltaban motivos.

En menos de un mes nos hemos enterado de que varias tiendas que comparten la filosofía y el hacer de Bizi Slow y Bizi Granel echaban el cierre: Sin Plástico, con 10 años a las espaldas ya luchando contra los plásticos de un solo uso y un auténtico referente tanto en Euskadi como a nivel estatal; Desnuda store, una pequeña tienda canaria a granel que se trasladó a Galicia; The Living Food, tienda y obrador en Barcelona bio y vegano… Estos son algunos ejemplos, pero hay bastantes más. Son muchas las tiendas que han bajado o bajarán la persiana, se despiden de sus proyectos personales y del objetivo que compartimos con ellas.

Nosotras observamos este fenómeno con pena y rabia, deseándoles lo mejor en sus futuros proyectos, pero también con una sombra de miedo e incertidumbre. Porque todas, prácticamente, tienen en común el mismo motivo de cese: la imposibilidad de competir con las grandes marcas. Algunas son viejas conocidas que se han sumado al carro de la ecosostenibilidad porque está de moda. Otras simplemente son supermercados, generalmente online, que comparten muchísimos productos con nosotras y con las tiendas de las que hablamos.

Las pequeñas tiendas cierran ante la imposibilidad de competir contra las grandes marcas.

La pandemia trajo consigo algunas cosas buenas también. Primero, ante la imposibilidad de desplazarnos para hacer compras, se impulsó y dio a conocer mucho el comercio local y de barrio. Segundo, aumentó la preocupación general por nuestra salud y la del planeta, mucha gente aprovechó el confinamiento para replantearse nuevos hábitos y cambiar su forma de consumir. Ahora que parece que la pandemia se ha ido, ha desaparecido también parte de lo primero. Y de lo segundo se han aprovechado muchas marcas, que en estos dos últimos años han aumentado su sección de alimentación saludable o su apartado zero waste sin ser ellas nada de eso.

Evidentemente, nos es imposible poder competir en precios con ellas. Estamos hablando de empresas grandes que pueden ofrecer precios mucho más ajustados, precios que nosotras nunca podremos ofrecer. Hacen descuentos, cuentan con campañas de marketing más ambiciosas, su logística es mayor… Una tienda pequeña de barrio no puede hacer eso. Una tienda pequeña de barrio te cuida, se sabe tu nombre, te recomienda cosas de primera mano, elige los productos por convicción propia o recomendación de la clientela, comparte contigo recetas secretas, tiene contacto directo y estrecho con la gente que produce las cosas, conoce a la gente que viene a comprar y sabe lo que gusta o no gusta, te da facilidades para todo, se encuentra contigo por la calle y te pregunta qué tal…

Pero una tienda de barrio no puede hacer un gran pedido de productos para que salga más económico. No podemos invertir en fuertes empesas de marketing para que nos haga una publicidad brutal, ni desarrollar nuestra propia marca blanca para hacerla más económica. No podemos parecernos a las grandes superficies, tampoco queremos.

Algunas marcas venden un discurso y productos en el que no creen o que no les representan.

Estamos profundamente disgustadas ante la tremenda y desleal competencia que recibimos por parte de grandes empresas, y que están pasando factura a todo el pequeño comercio. Nos molesta también el descarado greenwashing, (o cómo arrimarse al sol que más calienta; ahora es el de la ecología y sostenibilidad) de algunas de las marcas que tenían o siguen teniendo un enfoque totalmente distinto al nuestro, pero que han empezado a vender unos productos y un discurso en el que no creen sólo porque les sale rentable.

A este paso, con todos los comercios pequeños que han desaparecido y los que van a hacerlo, sólo quedarán cuatro multinacionales controlándolo todo.

Sabemos que el tema económico está complicado para todo el mundo, no sólo para nosotras. Están siendo unos años difíciles y la constante subida en los precios de todo no ayuda a que mejore el panorama. Por eso nosotras invertimos mucho esfuerzo en conseguir productos de buena calidad, que cumplan nuestros criterios y que, además, puedan tener precios competitivos. No siempre lo conseguimos o no siempre se puede, pero queremos compensarlo con el cariño y el trabajo que hacemos detrás del mostrador y que, a veces, no se ve.

Sin embargo, hay otro fenómeno que se nota cada vez que hay una crisis económica. De lo primero que se suele recortar para ahorrar es de la cesta de la compra, y es algo que ha ocurrido y ocurre siempre. Preferimos comer peor, más barato o menos variado para ahorrar antes que renunciar a otras cosas. Cuando se goza de mejor salud económica también se invierte en salud alimenticia, nos cuesta menos ir a hacer la compra y gastar en “caprichos”, porque muchas veces creemos que la buena comida es eso, un capricho.

Cuando se trata de ahorrar, en lo primero que se recorta es en la alimentación.

Nada más lejos de lo que debería ser. Invertir en una alimentación saludable y variada debería ser siempre una de nuestras prioridades, ya que de eso depende nuestra salud física y también emocional. Además, de los productos que echamos en nuestra cesta tienen su propio impacto sobre el planeta y sobre la economía, por lo que, como siempre decimos, hay que elegir con consciencia.

Desde aquí animamos a la gente a hacer un consumo sostenible en las pequeñas tiendas de barrio, apoyar al vecindario, promover la economía circular, consumir productos locales o fabricados cerca, apostar por las marcas pequeñas y compartir todo esto con las personas de su entorno más cercano. Todo nuestro apoyo a las tiendas que han tenido que tomar la difícil decisión de cerrar la que ha sido, no sólo su lugar de trabajo, sino también su lugar de activismo.

Porque nosotras sentimos Bizi Granel y Bizi Slow así, como dos pequeños rincones desde el que hacemos activismo y desde el que intentamos hacer llegar nuestro mensaje y filosofía a nuestro barrio y nuestro vecindario.

¡Apoya tus tiendas locales! / / Zaindu zure herriko dendak! / / Support your local shops!

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